ANTÁRTIDA

 tierra de superación

y supervivencia!


 

Ya desde la antigüedad, el continente Antártico despertaba una atracción casi mística. Un continente helado, inhóspito y desconocido para el ser humano. Una tierra la cual atraía a los navegantes de las remotas aguas del sur, pero que a su vez les atemorizaba. Los hielos helados surcando a la deriva, las temperaturas gélidas y el mar bravío bien podría ser la descripción de las puertas a un infierno blanco. No fueron pocos los navegantes que perecieron en aquellas aguas.

 

 

 

  No obstante, no sería hasta finales del siglo XIX cuando empezaron las grandes potencias mundiales a poner el punto de mira en aquel mundo helado.

 

Tras la conquista de las rutas del Paso del Noroeste (1903-1906)  por el noruego Roald Amundsen y la llegada del norte americano Robert Peary al Polo Norte (1909), solo quedaba una meta a la que ninguna potencia Mundial quería renunciar, el Polo Sur. A las puertas de la Primera Guerra Mundial, donde el clima competitivo y estratégico internacional contaba mucho, el honor y la gloria era asunto de Estado.
No tardaron los exploradores, tras la conquista del Norte, en lanzarse al Sur. Los británicos prepararon una expedición comandada por Robert F. Scott (expedición Terranova), la cual consistiría en llegar en barco a las costas del continente Antártico, para preparar el terreno con varios depósitos de alimentos repartidos en la ruta, y posteriormente lanzar el asalto final al Polo Sur a pié y con la ayuda de ponis islandeses. Llevaron perros para la preparación de la expedición. Perros importados desde la lejana Siberia, pequeños, robustos y veloces, pero los cuales no acabarían utilizando para el tramo final de la expedición, pues el poco conocimiento sobre el manejo de perros y la mentalidad occidental y principios militares de los exploradores Británicos, les impedía el utilizar al perro (el mejor amigo del hombre) para cargar sus trineos y más tarde ser sacrificados para servir de alimento a hombres y perros.

 


 

Por otro lado, el noruego Roald Amundsen, tras ser el primero en cruzar el paso del Noroeste y haber sido avanzado  por Robert Peary en la conquista del Polo Norte, decidió dar un rumbo inesperado a sus aspiraciones y se lanzó a la mar para conquistar el Polo Sur. Su cambio de idea fue tan inesperado, que logró llegar al continente helado antes que la expedición británica. Roald Amundsen, había aprendido durante sus tres largos años en el Ártico durante la expedicón del Paso del Noroeste, el manejo de los trineos de perros y sobre todo las técnicas de supervivencia y vestimenta de los pueblos inuit a parte de los conocimientos del esquí que habían aprendido en su tierra natal desde niños. Aprendió que no había nada mejor que las pieles para entrar en calor y no había animal mejor adaptado al duro trabajo en condiciones heladas, que el perro. Así que lanzó su asalto al Polo Sur, provisto de un pequeño grupo de hombres, numerosos perros para el tiro de los trineos y una cantidad de víveres justa para sobrevivir.  Utilizarían los perros como alimento y así rebajaría el peso de los trineos y podrían alimentar a los canes con carne fresca.

 


Roald Amundsen logró llegar  el 16 de Diciembre de 1911 al Polo Sur. Casi cinco semanas más tarde lo haría la expedición británica del Terranova. Robert F. Scott murió de hambre y frío junto a sus compañeros a 261 kms de su campamento base y a tan solo 20 kms del siguiente depósito de alimento preparado con antelación.

 


 

Trás la conquista del Polo Sur, quedó sumamente claro, que el vehículo más idóneo para viajar por las regiones polares era el trineo de perros.
Tras varias décadas en las que las expediciones se sucedían, algunas consiguiendo sus objetivos y otras fracasando, los países fueron planteando el estudio de una región virgen, que podía aportar grandes e interesantes descubrimientos a la ciencia y a la historia de nuestro planeta.
Poco a poco, las expediciones polares fueron dando paso a la era de la Ciencia, y construyendo Bases para estudios donde la gran mayoría, disponían de perros para desplazarse por la zona y estar en contacto por tierra entre unas Bases y otras.

 


Los Perros Polares Antárticos, eran importados desde Groenlandia, Canadá o Siberia. Una vez allí, el intercambio de perros entre bases y la necesidad de conseguir perros con genética suficientemente fuerte para la supervivencia, ocasionó el cruce entre los diferentes tipos de perros. Acabando casi todas las bases científicas, con un tipo de perro con grandes similitudes y adaptabilidad al trabajo encomendado. Perros robustos, con anchos pechos bien musculados, cráneos considerablemente grandes, con orejas muy pequeñas y un espeso pelaje, (en algunos casos podían aparentar más ser un oso que un perro) eran los rasgos más significativos de los perros Antárticos. 

 


 

Podríamos pensar que estas adaptaciones deberían habernos llevado a un perro igual que al perro Polar Ártico (y no haber variado mucho los rasgos morfológicos del cual eran descendientes directos), pero la utilidad que buscaban los handlers y científicos en las bases antárticas, eran muy diferentes a la adaptabilidad sufrida por el perro en el Ártico, donde el perro no únicamente es un perro de trineo, si no que tambíen es un fiel guardián ante las aproximaciones de lobos u osos y cazador de caribús, bueyes almizcleros… aparte de un gran rastreador de respiraderos de focas. Funciones las cuales en la Antártida no deberían realizar. De ahí el que se centrara el interés en conseguir un perro fuerte y duro para el tiro de trineos.

 

Un dato curioso, es que entre los perros Antárticos, no había grandes enfermedades hereditarias. Las afectaciones más importantes que se conocen, fueron las enfermedades degenerativas, que llegaban junto a la vejez, como consecuencia de una larga vida tirando trineos y sobre todo  por haber sido sometidos a un esfuerzo temprano al ser enganchados al trineo junto a sus padres, tíos y hermanos en una edad anterior a su total desarrollo físico, el cual con los años, les acarrearía problemas articulares. En los estudios científicos, no se describieron problemas de displasia de codos o caderas, pues posibles perros con estas deficiencias físicas, jamás hubieran prosperado en el Ártico, ni tampoco en el Antártico.
A pesar de la evolución y la selección como perro de trabajo, hubo algo que jamás pudieron evitar. Las peleas de perros, eran tan usuales, que eran el mayor factor de muerte entre la población canina en la Antártida. El carácter tosco y jerárquico dentro de la manada. Seguramente por el desconocimiento en el manejo tradicional de perros, donde los inuit del ártico, favorecen la imposición de un macho Alfa, el cual es capaz de atajar disputas entre miembros de la manada incluso solo con la mirada. Y únicamente sometiéndose a las disputas por cambio de líder al llegar la vejez del Alfa, donde muy posiblemente acabaría muriendo en manos de otro macho más joven, y ocasionando un relevo generacional inevitable. Estos conocimientos tan profundos del pueblo inuit, hubiera favorecido a la cohesión de los equipos Antárticos y evitado otras muchas peleas en situaciones de estrés.

 


 

Durante prácticamente un siglo, los perros fueron los mejores compañeros de los científicos en la Antártida, donde las largas horas de oscuridad, frío y alejados de sus familias y amigos se hacían mucho más llevaderas entretenidos con los cuidados y el cariño incondicional que otorgaban los perros a sus cuidadores.
El 4 de Octubre de 1991 en Madrid, se firma un nuevo Tratado Antártico (el llamado Protocolo de Madrid), donde se deciden unas nuevas medidas de protección del Continente, donde pasa a ser de gran importancia el mantener intactos la flora, fauna y geología del continente, y se decide prohibir todo ser vivo no autóctono a excepción del ser humano que únicamente podrá estar en misiones científicas y de estudio. De esta manera, los perros, animales no autóctonos antárticos, tras casi 100 años de trabajo y ayuda al ser humano se vió obligado a ser retirado, con gran tristeza por parte de sus compañeros humanos, que a mayor o menor medida lo pasaran a echar de menos.

 



En la actualidad, tras charlar largas horas con antiguos científicos y handlers de las Bases Antárticas (y con mucha envidia por mi parte), siempre me comentan emocionados, de lo gratificante que fué poder trabajar, viajar y conocer aquellos maravillosos animales, que sin ninguna motivación especial, se esforzaban y en algunos casos dieron la vida, por sus compañeros humanos. Los recuerdan con alegría, y en muchas ocasiones, ellos mismos, a parte de sus estudios y publicaciones relacionadas con sus especialidades científicas, han acabado escribiendo extensos libros cargados de fotografías entrañables sobre aquellos valerosos Perros Antárticos.

                  

                                                                                                                David Pacheco Filip "Huskynen". 


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